¿Les gusta el riesgo y el dinero? ¿Qué tal si prueban a atracar un banco? Eso es precisamente lo que les promete la tragamonedas Break da Bank Again, del Casino En Línea Platinum Play.


La puerta acorazada del sótano no cede al primer empujón ni al décimo, y ese detalle del decorado dice más sobre «Break da Bank Again» que cualquier tabla de pagos: el estudio Microgaming, hoy Games Global, lo publicó en 2008 sobre una retícula de cinco por tres. El ladrón con antifaz y los lingotes apilados completan el mobiliario del atraco clásico (nada que no se haya visto antes).
Las nueve líneas de pago son «líneas seleccionables» (de una a nueve, según decida quien juega), y el «comodín» sustituye a los demás símbolos dentro de la línea encendida y nunca fuera de ella, de modo que una línea apagada no paga jamás, ni con la combinación completa en pantalla. Quien juega con tres líneas paga menos por vuelta y renuncia a seis caminos de cobro, y esa renuncia, a nuestro juicio, no aparece escrita en ninguna parte de la pantalla (ni en los menús de ayuda).
El tema sostiene esa aritmética mejor de lo que parece a primera vista, porque un sótano acorazado se abre de verdad una sola vez y se intenta abrir muchas, y la pantalla repite ese gesto giro tras giro (los lingotes a la vista, la puerta todavía cerrada). Nos parece el retrato exacto de una volatilidad alta.
El tope conocido son 375.000 «monedas», y el catálogo nunca tradujo esa cantidad a múltiplos de la apuesta, de manera que las dos conversiones que circulan por la red (4.167x y 4.388x) salen de la calculadora de algún reseñista y no de la documentación del fabricante. Una estimación ajena es una cerradura forzada y no una llave, así que dejamos el hueco aquí y en las demás fichas sin tope firmado por el fabricante.
De las dieciocho máquinas repasadas aquí ninguna devuelve menos: el «RTP» que hemos verificado se queda en el 95,43 %, por debajo de la media del sector (el valor más bajo de la sección entera), y conviene escribirlo con todas las letras. Los cuatro euros y medio largos que de cada cien no regresan a la mesa forman la «ventaja de la casa» más ancha de cuantas aparecen aquí, mientras la «volatilidad» ocupa el tramo alto de la escala y decide que lo poco devuelto llegue además a saltos.
La distancia entre este «RTP» y la media del sector no llega a un punto porcentual, y escrita así parece poca cosa, aunque sobre cada mil euros apostados son varios euros más que no regresan a la mesa (la resta se acumula sin ruido). Es el único dato de esta ficha que no admite matices, y lo escribimos sin ninguna simpatía por el título.
Un casino puede servir una versión distinta de la descrita en cualquier reseña de la red, y el único modo de averiguarlo vive dentro de la máquina: el icono de la «i» abre la ficha del juego (un botón pequeño, fácil de pasar por alto) y declara el valor que de verdad se aplica en la mesa. La lectura cuesta medio minuto, y no conocemos otra ficha donde les convenga más emplearlo.
En una máquina de nueve líneas y «volatilidad» alta el retorno no se reparte por igual durante la sesión, sino que se acumula en unos pocos giros y se escatima en todos los demás, y la caja fuerte del decorado describe ese comportamiento mejor que cualquier gráfico. Quien se siente aquí esperando un ritmo regular de premios habrá elegido, a nuestro entender, la máquina equivocada del catálogo entero.
Aquí el juicio es contrario y no admite reservas, puesto que un retorno bajo y un riesgo alto forman la peor combinación posible para un saldo prestado: el primero recorta lo que la máquina devuelve y el segundo decide, sin avisar, que esa devolución llegue tarde. Un «requisito de apuesta» con fecha de caducidad necesita giros abundantes y premios menudos, y este título ofrece lo contrario de las dos cosas, de modo que recomendamos reservarlo para dinero propio y para sesiones sin plazo (nunca para un bono).
Nada de lo que hoy se vende como mecánica estaba en el catálogo de 2008, y la ficha lo refleja: no caen símbolos en cadena, la retícula no crece y la ronda no se vende bajo ningún rótulo de «compra de bonificación»; quedan nueve líneas, unos lingotes y una puerta cerrada. Esa franqueza del diseño es lo único que sabemos alegar en su defensa.
La consideramos la máquina menos recomendable de cuantas repasamos aquí, no por vieja ni por fea, sino por pura aritmética: el retorno más bajo de la sección unido al tramo más alto de la escala de riesgo; nadie debería empezar por aquí. ¡Y el sótano, cuando por fin se abre, abre tarde!
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