Si ama la aventura prepare su equipaje y súbase a la alfombra mágica que le llevará a una expedición en la jungla de The Grand Journey.


Un globo aerostático no se dirige, se deja llevar, y «The Grand Journey» hereda esa física en cada vuelta: el viaje de época lleva firma de Microgaming, hoy Games Global, y fecha de 2012, con cinco columnas y tres filas de equipaje por encima de la barquilla (dirigible, maleta, mapamundi: inventario de otro siglo). La figura del globo explica, a nuestro entender, mejor que cualquier tabla cuánto se gobierna aquí.
Las treinta líneas de pago son «líneas fijas», de manera que la barquilla carga siempre el mismo peso y el precio del viaje llega decidido por el fabricante (ni una sola se apaga), y ahí está la verdadera distancia respecto de las clásicas de líneas seleccionables. La contrapartida resulta cómoda, porque nadie puede equivocarse al configurar la apuesta, aunque el presupuesto se consume al ritmo del taller de 2012 y nunca al elegido por el pasajero, sin margen alguno de negociación.
El título exacto lleva artículo, «The Grand Journey», y la precisión no es pedantería nuestra, porque ninguna base de datos del sector devuelve la máquina cuando alguien la busca sin ese artículo delante (y mucha gente la busca así, para después darla por retirada del catálogo y dejar de buscarla). Lo anotamos justamente por eso.
Antes de 2015 el oficio declaraba los topes en «monedas» y casi nunca en múltiplos de la apuesta, costumbre responsable de dejar esta máquina sin una cifra convertible, dado que una cantidad de «monedas» no se traduce sin decidir primero cuánto vale cada una (nadie publicó la equivalencia). Entre heredar el número de otra reseña y dejar el hueco a la vista elegimos el hueco, aquí y en las demás fichas en la misma situación.
Un billete de este viaje promete cien euros de recorrido y entrega 96,35 euros, que es el «RTP» teórico acreditado del título y coloca el trayecto algo por encima del promedio del sector; los tres euros y sesenta y cinco céntimos que faltan no se recorren nunca, porque los retiene el casino como su margen, la «ventaja de la casa». Un tercio de punto mejora un viaje largo y en nuestro análisis no decide ninguna tarde de treinta giros (la diferencia se nota en el kilometraje).
La «volatilidad» no figura en esta página, y el motivo es el de siempre en la sección, puesto que las fichas que hemos consultado no coinciden entre ellas y publicar una escala equivaldría a señalar una fuente al azar y presentarla como acreditada, con el sello de la casa debajo. Decirlo cuesta un renglón y ahorra al lector una expectativa falsa (nos parece un cambio razonable).
Conviene leer la hoja de vuelo antes de soltar amarras, y está a un gesto de distancia, porque el icono con la «i» abre la ficha del juego (el botón está dentro de la máquina) y declara allí el retorno activo de ese casino, cifra que ninguna reseña ajena puede dar por sabida. Ninguna página de la red puede saber qué versión sirve un operador, y a ustedes no les costará ni un minuto comprobarlo.
El globo del decorado sube y baja según el aire, y la máquina se comporta igual, porque ningún ajuste al alcance de quien juega altera el resultado de la vuelta (nadie gobierna el aire), mientras el único mando disponible sigue siendo la decisión de continuar o de bajarse. De este viaje se recuerda el trayecto y nunca el destino, y así lo entendemos.
Queda a medias nuestro dictamen en este apartado, dado que las treinta líneas fijas impiden abaratar la vuelta y la escala de riesgo sigue sin acreditarse, de manera que nadie puede calcular por adelantado cuántos giros resistirá un saldo prestado. Recomendamos empezar por la apuesta mínima mientras corra el plazo del «requisito de apuesta», y localizar en los términos el porcentaje de contribución de una clásica a ese cómputo, bastante por debajo del máximo en muchas casas.

El equipaje de 2012 no llevaba los accesorios que hoy se dan por supuestos, y la máquina no los ha comprado después: ningún símbolo se desploma en cadena, la pantalla no suma filas y nadie vende aquí la ronda bajo el nombre de «compra de bonificación». El decorado de principios del siglo pasado recuerda a un grabado escolar; el reglamento, en cambio, no ha envejecido un día.
Nos resulta una clásica discreta, de ritmo tranquilo y gusto antiguo, con una mecánica sin sorpresas y un retorno algo superior al promedio, apta para quien busque una hora larga antes que un sobresalto, puesto que aquí el trayecto importa bastante más que la llegada (el gusto antiguo se nota desde el primer giro). ¡Y el viento, cuando sopla, decide todo!
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